Discapacidad o Condición Social

Por el Dr. Arturo Pichardo

Aunque hoy sabemos que la discapacidad no es una enfermedad sino una condición de vida y que las Personas con Discapacidad al igual que todas las personas, son sujetos de derechos y que deben de gozar de independencia y autonomía y disfrutar de una calidad de vida satisfactoria, esto no siempre ha sido así.

Desde los términos peyorativos con los que se ha hecho referencia (y se les sigue llamando así en muchas partes) tales como minúsvalidos, inválidos, enfermos, cojo, manco, chueco, personas con necesidades especiales, discapacitados y un sinfín de etcéteras, hasta el trato desigual e inequitativo, excluyente del que todavía son sujetos en estos tiempos, han marcado la participación social de las personas con discapacidad en diferentes ámbitos de nuestra sociedad, siempre luchando por la transformación del entorno que realmente es la mayor barrera para su plena inclusión y goce de sus derechos humanos.

El paradigma de la Discapacidad ha ido evolucionando afortunadamente de la mano del pensamiento y de la madurez de una sociedad que hoy tiene un poco más claro conceptos como no discriminación, participación, tolerancia e inclusión. Hemos pasado como sociedad global de la visión utilitaria de la persona, que proponía el aniquilamiento o exterminio, por pensar que “los diferentes”, considerando únicamente las limitaciones y no el potencial de la persona en su contribución mediante la participación social, ponían en riesgo la supervivencia del grupo. De tal forma que en alguna época y en algunas sociedades, estaba legitimadas prácticas que validaban la muerte y el exterminio de personas con discapacidad, ya sea antes del nacimiento o después de este.

Otras sociedades, concedían a la persona con discapacidad, una conceptualización sacralizada o mágica y daba por nombrarlos como “ángeles”, “personas especiales”, “criaturas del señor”, categorizándolos como seres diferentes y confinándolos al aislamiento o segregación del grupo, muchas veces considerándolos inferiores al ser humano “promedio” o “regular”.

En este mismo sentido, hemos tendido también a buscar la normalización de las personas a través de clasificaciones y mediciones que catalogan todo lo que se salga de la media o el promedio como “anormal”. De esta manera, todas las personas clasificadas así, serían meritorias de recibir asistencia por parte de la sociedad o el Estado, que se convertía en tutor de las personas con discapacidad a través de acciones y programas de asistencia y proteccionistas.

Cuando más tarde se consideraba que la discapacidad era parte únicamente del propio individuo, relacionando la limitación al concepto de salud-enfermedad, buscando para la reinserción a la sociedad la curación de esta condición, sin considerar la interacción de la persona con el entorno y las barreras que este pudiera representar para su plena participación social.

Durante todos estos periodos que han generado diferentes paradigmas y formas de ver a la Discapacidad, se han gestado una serie de movimientos sociales y declaraciones de derechos y convenciones que consideran a las personas con discapacidad dentro del marco legal y como personas sujetas de derechos. Que si bien son en su conjunto un grupo socialmente vulnerable, que tiende a ser marginado por la sociedad y el entorno que están diseñados para la interacción de personas sin discapacidad, cada vez son también un grupo más participativo y que en base a un trato igualitario y equitativo, que es darle a cada quién lo que necesita y no solo darle a todos por igual, ha ido construyendo una sociedad más tolerante e incluyente.

Aún estamos lejos como sociedad y más como país de ser un lugar incluyente que permita la participación, político, económica y social de todos sus integrantes. Todavía hay que trabajar mucho en el terreno de la inclusión real, donde las ciudades y sus leyes sean construidas tomando en cuenta a todos. Donde desde el lenguaje se note la tolerancia y la madurez de nuestra sociedad. Donde no se discrimine a nadie por su raza, sexualidad, condición social, étnica o discapacidad. Donde aceptemos que las personas con discapacidad son sujetos de derechos, no de caridad. Donde no se les considere “pacientes” sino ciudadanos independientes y participativos. Donde todos podamos tomar decisiones de manera autónoma ejerciendo plenamente la democracia, todos los días y no solo durante las elecciones. Donde el enfoque de la discapacidad se centre en el entorno y las barreras que representa limitación en la accesibilidad a la persona con discapacidad y no solo en los déficits personales que limitan la participación. Donde el lenguaje no estereotipe o etiquete a nadie por ninguna causa o razón, donde no se discrimine. Donde la discapacidad sea tema de toda la sociedad y todo el Estado y no solo de dependencias sociales u organizaciones civiles que de buena voluntad sean las que se encarguen de la integración fomentando la segregación grupal.

Sí, es mucho, pero pensando colectivamente en el bien común y empezando desde el entorno más cercano, cambiando nuestras percepciones o prejuicios, nuestra conducta y prácticas discriminatorias, podemos romper nuestro propio paradigma y cooperar con nuestro granito de arena en la construcción de una sociedad más incluyente y de un mejor país para todos.

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